sábado, 26 de junio de 2010

Air Doll



Viernes, 25 de junio. 22.15. Sála 8 del príncipe (la de menos aforo). Comienza "Air doll". Dos horas de auténtica poesía visual, dos horas contemplando verdadero arte. Dos horas de "sentir" en el sentido más amplio de la palabra. Muchas expectativas antes de empezar la película, sobradamente cumplidas al acabar. Pegado al asiento hasta el final de los créditos, a pesar de que estuvieran escritas en japonés.

Kore-eda es un auténtico genio. Coge una idea, simple, incluso bastante absurda. Una muñeca hinchable que cobra vida. Y de esa simple idea, crea una obra maestra (supongo que el cómic en el que se basa habrá tenido algo que ver). Poco o nada puede decirse al finalizar la peli. Sólo sentir, acabar y quedarse con el buen sabor de boca. Pensar. Y nada más. Sobran las palabras.

Y ahora la parte negativa. "Air doll" la proyectan sólo en un cine de toda Guipuzcoa. Sólo en una sala. Hace una semana que se estrenó, y no va a durar otra semana más. La han trasladado a la sala más pequeña, y sólo queda una sesión diaria, nocturna además. La gente no va a ver Air doll. La gente prefiere ver a Stallone o Sexo en Nueva York (o bueno, pronto veremos las salas de crepúsculo abarrotadas). Cada año nos llegan contadas películas (se pueden contar con los dedos de una mano) que consiguen elevar el cine a la categoría de verdadero arte, y la gente "pasa" de ellas. A mi me da igual, sinceramente, si no fuera porque cada vez nos llegan menos de esas películas, y más films palomiteros. En fin, es a lo que vamos. Al menos siempre nos quedará Kore-eda (y Van Sant, y Kar-Wai, y Haneke, y...)